Adicciones

¿Qué es una adicción?

Podemos definir la conducta adictiva como el consumo repetido y abusivo de una sustancia (cocaína, alcohol, heroína, etc) y/o la implicación compulsiva en la realización de una conducta determinada, como por ejemplo el juego.

Una droga es toda sustancia que introducida en el organismo puede modificar una o varias funciones de éste (Kramer y Cameron, 1975). Por lo general, la decisión inicial de consumir drogas es voluntaria. Cuando se consume una droga por primera vez, pueden percibirse lo que parecen ser efectos positivos, pudiendo creer también inicialmente que se puede controlar su consumo. Sin embargo, las drogas pueden apoderarse rápidamente de la vida de una persona.

El daño o perjuicio que las drogas pueden ejercer depende de cómo y cuánto se utilicen. El consumo puede ser: esporádico, habitual o continuado, o abusivo. Éste último se produce cuando el consumo deteriora el funcionamiento de la persona, ya sea por la cantidad, el tiempo de consumo o la mezcla con otras sustancias. Podríamos decir, por tanto, que nos encontramos ante un abuso de sustancias cuando, por ejemplo, la persona abandona obligaciones o responsabilidades personales por consumir la sustancia, y/o el consumo tiene repercusiones legales.

Por otro lado, hablamos de dependencia cuando la persona en cuestión desarrolla tolerancia a la sustancia consumida (es decir, cuando necesita incrementar considerablemente las cantidades para conseguir el efecto deseado) así como síntomas de abstinencia si no consume la sustancia. Podríamos decir, por tanto, que con el tiempo, si el consumo de drogas continúa, otras actividades placenteras se vuelven menos agradables, y las drogas se vuelven necesarias para que el consumidor se sienta “normal.” Luego, es posible que busquen el consumo de la sustancia compulsivamente, a pesar de que ésta le cause importantes problemas tanto a ella como a su entorno más cercano. Por regla general, la adicción implica que la sustancia o conducta de la que se depende se convierta en el centro de la vida de la persona, existiendo una clara pérdida de control en el consumo.

DROGAS DE ABUSO MÁS UTILIZADAS Y SÍNTOMAS CARACTERÍSTICOS

Alcohol

Es un depresor tranquilizante del sistema nervioso central. A pequeñas dosis disminuye la ansiedad, desinhibiendo la actividad cortical y produciendo un estado de excitación. A dosis mayores aparece la acción depresora produciéndose una disminución del nivel de conciencia y de la coordinación motriz. Es lípido e hidrosoluble, por lo que atraviesa las membranas celulares con facilidad, siendo absorbido rápidamente por el estómago.

El alcohol puede utilizarse para aliviar los efectos secundarios de otras drogas o como sustitutivo de las mismas. Generalmente, las personas que sufren dependencia a esta sustancia presentan a su vez síntomas de ansiedad y depresión. En muchos casos estos síntomas también pueden preceder al consumo continuado de esta sustancia. El alcoholismo es un factor de riesgo de suicidio tan importante como la depresión, estando un 25% del total de los suicidios relacionados con él. Se ha observado además que la dependencia alcohólica tiene un patrón familiar.

La intoxicación alcohólica grave produce déficits en determinadas funciones cerebrales. Cuando los niveles de alcohol son muy altos, puede producirse amnesia para episodios sucedidos durante la intoxicación.

Durante la abstinencia al alcohol, algunos pacientes pueden presentar convulsiones o delirium, caracterizado por confusión, desorientación, ansiedad, temblores generalizados y alteraciones sensoperceptivas (alucinaciones).

Narcóticos

Se trata de drogas con composiciones y orígenes distintos, que tienen en común su efecto en el organismo, aunque éste se manifieste en manera y en grado diferentes.
Pero el elemento fundamental que las une consiste en que todos los narcóticos causan adicción física. Es adictivo aquel fármaco que, administrado en dosis suficientes durante un período de tiempo relativamente largo, induce un cambio metabólico. Cuando deja de administrarse desencadena una serie de reacciones conocidas como “síndrome de abstinencia”.

Cannabis

El cannabis sativa es un arbusto silvestre que crece en zonas templadas y tropicales, pudiendo llegar una altura de seis metros, extrayéndose de su resina el hachís.

Su componente psicoactivo más relevante es el delta–9-tetrahidrocannabinol (delta-9-THC), conteniendo la planta más de sesenta componentes relacionados. Se consume preferentemente fumada, pero también puede ingerirse vía oral, mezclada con otras sustancias o con comida.

Los síntomas característicos de la intoxicación incluyen euforia con risas inapropiadas, sedación, letargia, deterioro de la memoria inmediata, dificultades para realizar procesos mentales complejos, deterioro de la capacidad de juicio y sensación de que el tiempo transcurre lentamente.

Generalmente no se desarrolla un síndrome estereotipado de abstinencia. Respecto a la dependencia, se considera primordialmente psíquica, aunque relacionado con su consumo continuado está descrito el denominado síndrome amotivacional, caracterizado por apatía intensa, pasividad, disminución de la memoria y déficits en la resolución de problemas.

Las edades de prevalencia máxima se sitúan en la adolescencia e inicios de la edad adulta, mientras que la distinción entre consumo recreacional y dependencia o abuso puede ser difícil de realizar. Las situaciones de urgencia que pueden presentarse por el consumo excesivo son: reacciones de pánico, psicosis agudas y reacciones eufóricas o disfóricas.

Alucinógenos

Se incluyen aquí sustancias psicodélicas como la mescalina, el peyote, el LSD, la ketamina, etc. Estas drogas por regla general no suelen producir, en sí mismas, alucinaciones (es decir, que los consumidores de la sustancia vean o sientan cosas que realmente no existen) sino que lo que hacen es distorsionar las percepciones existentes. Los efectos varían según la sustancia consumida, las variables de personalidad del que las consume, y las expectativas de éste. El ambiente de consumo también es un factor que influye enormemente en la experiencia.

La intoxicación suele conllevar inicialmente efectos estimulantes, como inquietud, activación… siguiendo posteriormente una serie de experiencias que varían en función de la dosis. La euforia puede ser seguida por ansiedad y depresión, siendo muy frecuentes los cambios del estado de ánimo impredecibles, la hiperactividad, la auto o heteroagresividad, la alteración de la percepción del tiempo y los sentimientos de despersonalización y desrealización. Las ilusiones visuales y las experiencias sensoriales pueden dar lugar a pseudoalucinaciones visuales y a sinestesias (es decir, la persona ve o siente experiencias raras de las que hace cierta crítica, pues en parte es consciente de que su mente está deformando la realidad).

El efecto más adverso descrito son los comúnmente denominados “malos viajes”, como una especie de ataques de pánico con síntomas psicóticos, que en el caso del LSD aparecen a las 8 o 12 horas después de la ingesta.

Entre los efectos físicos que aparecen poco después del consumo solemos encontrarnos con: dilatación pupilar, taquicardia, sudoración, visión borrosa, temblores, incoordinación y sequedad de boca.

Fármacos tranquilizantes

Dentro de este grupo se encuentran aquellos fármacos utilizados para tratar problemas de insomnio, ansiedad y/o casos de abuso y dependencia de otras drogas. En las últimas décadas se está produciendo un abuso de este tipo de fármacos, procediendo muchas personas a automedicarse para calmar su ansiedad o potenciar los efectos de otras sustancias.

Podemos citar de entre todos ellos a los barbitúricos, que actualmente se utilizan menos debido a la aparición de las benzodiacepinas, con menos efectos secundarios y mayor seguridad en su consumo, ya que producen menor grado de depresión respiratoria en caso de ingesta masiva.

Los efectos de los barbitúricos se parecen a los del alcohol, produciendo enlentecimiento en la actividad del sistema nervioso central, disminución de la actividad muscular, dificultad para mantener la atención, relajación y somnolencia. Las benzodiacepinas son sedantes, relajantes musculares, produciendo efectos diferentes a los barbitúricos sobre el sueño. Producen en general dependencia y tolerancia, presentándose además abstinencia con la interrupción brusca del consumo.

La intoxicación aguda o sobredosis produce: somnolencia, conducta parecida a la embriaguez, confusión mental, alteraciones cognitivas, depresión respiratoria, pulso lento, reducción de los reflejos, lenguaje farfullante… El síndrome de abstinencia está caracterizado por: taquicardia, sudoración, hipertensión arterial, malestar, cansancio, temblor de manos, irritabilidad, insomnio y náuseas.

El tratamiento a nivel hospitalario para deshabituar de este tipo de sustancias consiste en sustituir dicha sustancia por otra con la que tenga tolerancia cruzada y reducirla progresivamente.

Cocaína

La cocaína es un alcaloide contenido en las hojas del arbusto «Erythroxylon coca» siendo químicamente un derivado de la latropina. Es un estimulante cerebral extremadamente potente. Además, es un enérgico vasoconstrictor y anestésico local, siendo absorbido por las mucosas nasales cuando se la aspira, se metaboliza en el hígado y se elimina por la orina.

Es consumida de forma aspirada, a través de una inyección subcutánea o intravenosa o base libre. La aspiración es el método más usado y menos peligroso. El consumo fumado o intravenoso se asocia a una rápida progresión del uso al abuso o dependencia, mientras que esnifado la progresión suele ser más gradual. El consumo se asocia a dos patrones: episódico o diario. En el consumo episódico suelen darse ”atracones” (es decir, consumir grandes dosis en pocas horas), mientras que en el consumo diario no suele haber muchos cambios de dosis pero sí un aumento progresivo con el tiempo. El intervalo de edad de mayor consumo es entre los 18 y los 30 años, con mayor consumo en los varones que en las mujeres.

Los efectos de la intoxicación dependen de la dosis, de la vía de administración de la droga y de la experiencia del sujeto con ella. La cocaína se puede presentar: mezclada con heroína, mezclada con bicarbonato sódico (crack), o separada de su hidrocloruro por calentamiento (base libre).

Los efectos inmediatos tras el consumo de cocaína son: menor inhibición social, sensación de placer, euforia y excitabilidad, pensamiento acelerado, disminución de la sensación de hambre y sed, y también: temblores, ansiedad, agitación psicomotriz, aumento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial, insomnio, sudoración, alucinaciones. La intoxicación grave puede conducir al coma.

La abstinencia de la cocaína se caracteriza por un síndrome disfórico que cursa con: fatiga, alteraciones en el sueño, aumento del apetito, alteraciones conductuales… que pueden requerir unos días de descanso y recuperación, debido a los sentimientos desagradables de depresión que aparecen.

A largo plazo, el consumo de cocaína produce: embotamiento de la afectividad, cansancio, tristeza, descenso de la tensión arterial, retraimiento social, pensamientos paranoides, estados de resaca, insomnio, irritabilidad y angustia. En muchos casos, el consumo continuado de cocaína está asociado al consumo de otras sustancias como alcohol, cannabis, benzodiacepinas, que se toman para contrarrestar los efectos secundarios desagradables. La dependencia se asocia a malnutrición y pérdida de peso debido a los efectos anorexígenos de la sustancia. En personas jóvenes aumenta el riesgo de infarto de miocardio, muerte súbita por parada cardiorrespiratoria e infartos cerebrales. Los consumidores por vía nasal pueden padecer sinusitis, irritación y hemorragia o perforación del tabique nasal, mientras que los que fuman tienen mayor riesgo de padecer problemas respiratorios.

El tratamiento en caso de intoxicaciones leves sólo requiere del mantenimiento de las constantes vitales. En casos más graves se precisa sedación, mientras que en casos de psicosis se requiere tratamiento psiquiátrico con benzodiacepinas y neurolépticos.

FENCICLIDINA

Investigada en un comienzo como anestésico quirúrgico, actualmente sólo se comercializa para uso veterinario. También llamado cristal, polvo de ángel… Se puede consumir de diferentes formas (oral, nasal, intravenosa….) pero su forma habitual es fumada espolvoreada en cigarrillos.

Los síntomas dependen de la dosis. A dosis bajas se suele comenzar a sentir un enmudecimiento inicial y posteriormente sensaciones de euforia, calor corporal, hormigueo… A dosis más altas, confusión, alteraciones de la imagen corporal y de la percepción del espacio y del tiempo, desorganización del pensamiento, sentimientos de despersonalización, aislamiento y extrañamiento, pudiendo aparecer alucinaciones auditivas y visuales. La ansiedad es el síntoma más significativo de las reacciones adversas.

Opiáceos

Hace referencia a cualquier sustancia que actúe de forma similar a la morfina, como la heroína o la metadona. Sus principales efectos son: analgesia, euforia, sedación, lenguaje farfullante, disminución de la memoria y de la atención, bradicardia, estreñimiento, boca seca. El síndrome de abstinencia se caracteriza por síntomas contrarios a los provocados por su consumo: ansiedad, inquietud y sensación de dolor, irritabilidad, disforia, náuseas, lagrimeo, fiebre, insomnio, etc.

Le Ayudamos a combatir las adicciones

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Síntomas de las adicciones

Cuando consumen una droga por primera vez, las personas pueden percibir los que parecen ser efectos positivos; también pueden creer que pueden controlar su consumo. Sin embargo, las drogas pueden apoderarse rápidamente de la vida de una persona. Con el tiempo, si el consumo de drogas continúa, otras actividades placenteras se vuelven menos agradables, y las drogas se vuelven necesarias para que el consumidor se sienta “normal.” Luego, es posible que busquen y consuman drogas compulsivamente, a pesar de que estas les causan tremendos problemas a ellos y a sus seres queridos. Algunos pueden comenzar a sentir la necesidad de tomar dosis más altas o más frecuentes, incluso en las primeras etapas del consumo. Estos son los signos reveladores de una adicción.

Incluso el consumo relativamente moderado de drogas plantea riesgos.

Por lo general, la decisión inicial de consumir drogas es voluntaria. Sin embargo, con el consumo continuo, la capacidad de una persona para ejercer el autocontrol puede verse seriamente afectada. Este deterioro en el autocontrol es el sello distintivo de la adicción. Estudios de imágenes cerebrales de personas con adicciones muestran cambios físicos en áreas del cerebro que son esenciales para el juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje y la memoria, y el control del comportamiento. Los científicos creen que estos cambios alteran la forma en la que funciona el cerebro y pueden ayudar a explicar los comportamientos compulsivos y destructivos de la adicción.

Causas de las adicciones

Desde nuestro centro, entendemos el problema de las drogodependencias desde un punto de vista biopsicosocial, es decir, que en el desarrollo y mantenimiento de una adicción intervienen múltiples variables: la sustancia en sí, la persona y su entorno (cada uno de los tres con sus respectivas circunstancias) y las relaciones entre ellas. Consecuentemente, podríamos decir que en la persona adicta, a lo largo de su historia, confluyen una serie de problemas o disfunciones a nivel psicológico, social y/o orgánico que le llevan a contemplar el consumo como una solución o posibilidad, asumiendo por otro lado a esta persona como responsable, no sólo de haberse iniciado en el problema sino también de solucionarlo.

Es importante señalar que la mayoría de las sustancias tóxicas producen inicialmente sensaciones de bienestar o placer, que posteriormente son seguidas por otros efectos, que varían según el tipo de droga que se consume. Por ejemplo, con estimulantes como la cocaína, la sensación de euforia es seguida por sentimientos de poder, confianza en uno mismo y mayor energía. En contraste, la euforia causada por opiáceos como la heroína es seguida por sentimientos de relajación y satisfacción. Por ello, hay un porcentaje alto de la población que se inicia en el consumo de este tipo de tóxicos persiguiendo este tipo de sensaciones placenteras y agradables.

En otras ocasiones, y especialmente entre los adolescentes, el consumo se inicia por aprendizaje social. Muchas veces, los jóvenes comienzan a consumir tóxicos porque otros iguales a los que admiran o a quienes se quieren parecer también lo hacen, o como una manera de expresar su independencia de las normas parentales y sociales, entrando posteriormente en juego otro tipo de variables de mantenimiento de la conducta adictiva (personalidad, entorno social, etc.)

Por otro lado, el estrés puede jugar un papel importante en el inicio, la continuidad en el abuso de drogas o la recaída en pacientes que se recuperan de la adicción. El consumo de drogas, por tanto, puede estar motivado por un intento de la persona de superar determinadas situaciones estresantes. Algunas personas que sufren de ansiedad social, trastornos relacionados con el estrés y/o depresión, comienzan a abusar de las drogas en un intento por disminuir los sentimientos de angustia. Además, los factores biológicos pueden aumentar la posibilidad de desarrollar una dependencia en un ambiente propiciador: la manera en la que la persona interpreta sus experiencias y cómo responde a ellas, así como el modo de enfrentarse al mundo y verse a sí mismo, también ejercen una poderosa influencia en este sentido.

Tratamiento de las adicciones

En nuestro centro disponemos de una amplia experiencia en el tratamiento de todo tipo de adicciones, pues llevamos manejando casos de este tipo desde nuestros inicios. Realizamos una serie de intervenciones clínicas estructuradas que promueven y apoyan la recuperación de una persona afectada por la adicción hacia una mejor calidad de vida, guiándonos por el modelo de Prochaska y Diclemente (1992) sobre el cambio en psicoterapia, ampliamente utilizado desde hace años para el tratamiento de las diferentes adicciones.

Entendemos, tal y como propugna este modelo, que la persona adicta a una sustancia pasa por diferentes fases de recuperación y recaídas, y que esto puede (o no) durar varios años hasta su completa recuperación, por lo que en nuestro centro trabajamos en todos los estadios de cambio en los que se encuentre la persona adicta:

  • Fase o estadio de precontemplación/contemplación: cuando la conducta adictiva todavía no es vista como un problema y no existen deseos de cambio, o la persona empieza a ser consciente de que tiene un problema y está planteándose un cambio, aunque todavía no ha empezado a realizarlo. En el Seranil somos conscientes de que admitir que uno tiene un problema con las drogas y tomar la decisión de abandonarlas no es fácil, por lo que trabajamos intensamente con el paciente en el aumento de concienciación del problema y en la valoración por parte de éste del impacto que tiene su conducta adictiva sobre él mismo, sus valores, su manera de ser, su entorno, etc. Así como en el reconocimiento afectivo y cognitivo de la mejoría significativa que representaría para su vida el abandonar el consumo, enseñando alternativas diferentes de actuación y motivando para el cambio.

  • Fase o estadio de preparación para la acción/acción: cuando la persona adicta se ha planteado modificar su conducta muy próximamente, o ha realizado algún intento de abandono en el último año, llegando a lograrlo con éxito durante un tiempo. Con los pacientes que se encuentran en esta fase del problema, dado que en algunos casos nos encontramos con personas ambivalentes, nos centramos en la toma de decisiones mediante el “balance motivacional” (poner en la balanza lo positivo y lo negativo de consumir), con la idea de promover la motivación al cambio. Por otro lado, trabajamos intensamente a nivel emocional, con el objetivo de que identifiquen cuáles son sus mecanismos de defensa en contra del cambio (es decir, qué les suele impedir internamente avanzar para solucionar el problema) y centrándonos en su propia responsabilidad y compromiso personal con el cambio, así como en el aumento de su capacidad para decidir y elegir.

Si la persona decide dejar totalmente el consumo ingresando en el centro, procedemos a la desintoxicación, que podríamos definir como el proceso por el que se retiran del organismo las drogas de abuso, controlando el síndrome de abstinencia, mediante una intervención farmacológica avanzada, y que implica un primer paso indispensable en la recuperación física y psicológica de la persona.

Una vez superada la abstinencia física a la sustancia, procederíamos a trabajar con el paciente en la producción de cambios en su estilo de vida al alta hospitalaria, que le permitan una adaptación al ámbito familiar, social y laboral: programación de actividades, reestructuración cognitiva de determinados esquemas mentales, aumento de la autoeficacia, etc. Ésta es una etapa fundamental, quizá la más larga del tratamiento, ya que no sólo debe cambiar la forma en la que la persona se comporta socialmente (y todo lo que ello implica a nivel de relaciones) sino que también deben adquirirse nuevas habilidades y recursos de afrontamiento para consolidar una vida sin drogas. El trabajo en este sentido implica: trabajar sobre situaciones de alto riesgo, aprender a decir que no, relaciones con otros drogodependientes, desarrollo de nuevas amistades, etc. Aquí consideramos crucial la utilización del apoyo social y familiar, que facilitan enormemente el proceso de cambio de la conducta adictiva.

Otras áreas a trabajar con el paciente en esta fase podrían ser: la salud física y la imagen, el manejo adecuado de emociones negativas (como la ira, la rabia), la búsqueda de sensaciones, la depresión, etc.

  • Fase o estadio de mantenimiento: cuando la persona ha permanecido abstinente durante más de 6 meses. Es la fase con mayor riesgo para la recaída.

Es una situación muy común que en nuestro centro ingresen personas con diferentes tipos de enfermedad mental (esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, etc.) que han sido en el pasado adictos a alguna sustancia tóxica. En este caso, se les ofrece la posibilidad de trabajar en la prevención de recaídas, tanto de manera grupal como individual, afianzando todos aquellos avances terapéuticos conseguidos en lo que respecta a su adicción, para mantener su proyecto personal de cambio.

  • Fase de recaída: se produce cuando se da un retroceso a las fases de precontemplación o contemplación, reiniciando de nuevo el consumo. En este caso, procederíamos a identificar posibles factores que han contribuido a la recaída, comenzando de nuevo el trabajo terapéutico en función de la fase en la que la persona se encuentre en ese momento.

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